HÉCTOR OLIVENCIA REMEMORA EL PASADO DE GLORIA DEL BSN

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AYM Sports, BSN, basquetbol, 19 Febrero del 2017.-  Como todos los canasteros de su época, en especial los de la generación de niuyorricans que impactaron el Baloncesto Superior Nacional desde la década de 1970, su tiro a distancia fue su sello particular desde su debut en 1974 con los Criollos de Caguas.

La fina puntería de Héctor Olivencia alcanzó su punto climático luego de que los Leones de Ponce se desprendieron de sus servicios en un triple cambio que incluyó a los Cardenales de Río Piedras y los Indios de Canóvanas.

Olivencia se convertiría en la pieza que le faltaba a los Indios, un equipo repleto de estrellas como Charlie Bermúdez, Ángelo Cruz, Bernardo Figueroa, entre otros, y que con la llegada suya conquistó de inmediato el cetro del BSN en las temporadas de 1983 y 1984.

temporadas entre 1974 y 1991, y formó parte de la época de gloria del básquet local en la década de 1980, cuando aparte del impacto de los jugadores boricuas de segunda generación, se sumaron los refuerzos y el apoyo de la televisión local. Antes, fue escogido en el sorteo de novatos de la NBA en 1978 por los Spurs de San Antonio, pero no hizo el corte final del equipo y fue cuando comenzó a establecerse como uno de los pilares del BSN.

De esa época de oro del baloncesto, y su vida actual fuera del ámbito deportivo, El Nuevo Día conversó con Olivencia, quien tras un primer retiro del tabloncillo luego de su última campaña con Canóvanas en 1986, tuvo un breve retorno al BSN en 1990 y 1991 con los Criollos, su primer equipo en la liga y con el que colgó definitivamente los tenis para dedicarse por completo a su carrera en la industria farmacéutica, en la que sigue activo a sus 60 años.

¿A qué te dedicas actualmente?

Actualmente estoy trabajando para Pfizer, como contable. Soy Senior Financial Analyst (analista financiero). Llevo más de 25 años en la industria farmaceútica. Realmente del deporte, pues no estoy practicando ninguno. Pero sí sigo los deportes de cerca… sigo el baloncesto local de Puerto Rico, pero a través de la televisión. No voy a los juegos. Soy fanático también de la NBA y de otros deportes como el football americano. Vivo aquí en Puerto Rico, en Arecibo, y llevo aquí 38 años, desde que me vine de Nueva York para jugar en la Isla. Debuté a los 16 años con Caguas, en 1974, después estudié en la universidad y regresé.

¿O sea que ya estabas trabajando en esa industria mientras jugabas aún?

Todavía estaba jugando. Y ya sabes, jugar y trabajar para una industria que es bien demandante de uno, se hace bien difícil cumplir con los dos. Tienes que estar bien preparado, especialmente cuando el equipo depende de uno. Y trabajando y jugando a la misma vez, a una edad, cuando ya estás llegando a los 28, 29 o 30 años, se hace difícil. Había que trabajar, a menos que uno estuviera en la NBA. Pero en mi época uno tenía que trabajar. Por eso me retiré, para dedicarle tiempo a la profesión mía, y a la familia, que eso para mí es bien importante.

En otras palabras, ¿echaste raíces en Puerto Rico y formaste tu familia aquí?

Tuve tres hijas. Las tres viven en Estados Unidos, graduadas de universidades y las tres tienen su profesión. Incluso la hija mía mayor era golfista profesional, Janice Olivencia. Ya no está jugando. Ahora mismo es la ‘Associated Coach’ de la Universidad de Florida, los Gators, en Gainesville. Cuando me retiré del baloncesto, me hice bien fanático de ella en el golf y así aprendí más o menos el juego a través de ella, pero no lo juego.

A muchos de esa cepa de los 80, el baloncesto los ató a Puerto Rico tras su retiro.

Hay que ver que cuando nosotros vinimos acá, muchos de esos jugadores que vinimos, fuimos a universidades, nos graduamos allá en Estados Unidos, y cuando vinimos aquí, muchos de esos caballeros que mencionas, tuvieron mucho éxito aquí en Puerto Rico. Incluso sabes que Raymond Dalmau, Charlie Bermúdez, son glorias en nuestra Isla. Y qué pasa, que tenías una educación, y con las oportunidades que te daban a ti como atleta, de trabajar, por ejemplo, en la industria farmacéutica, y como las puertas se abrían para esos atletas, ¿cómo podías decirle que no a Puerto Rico? Otro factor es que cuando vinimos, éramos jóvenes, nos enamoramos aquí y nos casamos.

¿Qué memorias guardas de esa época del baloncesto local en la que jugaste?

Cuando llegué a Puerto Rico, los niuyorricans que estaban en ese momento, estaban deslumbrando a la gente aquí. Conocías anteriormente niuyorricans como Tito Ortiz y Raymond Dalmau. Pero en la época entre 1974 y como hasta 1980 o 81, entró un boom de niuyorricans; Georgie Torres de Fajardo, Wes Correa de Morovis, este servidor, Ángelo Cruz, Charlie Bermúdez… tú puedes nombrar un montón. No solo es que los atletas eran buenos, es que los dirigentes eran buenísimos también. Creo que por eso fue una época gloriosa. Eso le dio un boom al baloncesto del país, y no solo para los pueblos, sino también para el Equipo Nacional. Hoy día caminas por los malls (centros comerciales), vas a los restaurantes, y todavía la gente reconoce a uno. Eso es una satisfacción gloriosa. Eso para mí es una satisfacción, porque los fanáticos agradecieron mi desempeño. Eso para mí vale mucho.

El que te vio jugar recuerda tu estilo al lanzar el balón a distancia. ¿Qué me dices de eso?

(Ríe). Ese estilo tomó mucho de práctica. Fuera de la hora del juego, me metía a la cancha y hacía alrededor de 300 a 400 tiros diarios, para perfeccionarlo. Es lo que las personas tienen que reconocer, que no es algo (el buen resultado) que llega en un juego y estableces un estilo. Todo eso se tiene que trabajar. Para tú ser mejor, necesitas sacrificarte, practicar y ponerte en forma.

¿De haber existido en tu época la misma apertura para el jugador latino en ligas profesionales del extranjero, piensas que ustedes hubieran optado por vivir del básquet?

Si la economía estuviera bien ahora, y tú coges ese núcleo de jugadores y los pones en esta época, no tendrían que trabajar (en otras profesiones). Con los salarios que están ganando ahora esos jugadores, podrías tener a un Raymond Dalmau, un Charlie Bermúdez, un Quijote Morales, con el talento que tenía esa gente, jugando 8, 9 y 10 años, y se podían retirar luego y no tener que trabajar más. Pero yo no critico ni puedo decir que mi época era mala. El tiempo pasa y yo estoy contento y bien feliz de lo que el baloncesto de esa época me dio a mí. Fue 50%-50%. Yo le di al baloncesto, y el baloncesto me dio a mí. Me dio la educación, me abrió las puertas en Puerto Rico para un trabajo bueno. Por eso tengo que agradecer.

Sin duda los campeonatos con los Indios debe haber sido tu mejor momento.

Además de los campeonatos, que es lo mejor y para lo que uno practica, una de las cosas más importantes para mí ocurrió en una competencia (juego de exhibición) del Equipo Nacional contra la Unión Soviética en 1978. El dirigente era Ray Amalbert. En ese equipo estaban Butch Lee, Raymond Dalmau, Rubén Rodríguez, Charlie Bermúdez, creo que Quijote (Mario Morales), Neftalí Rivera… yo estaba en el banco. No jugué los primeros 10 u 11 minutos. Entonces vino Ray Amalbert y me llamó, y me dice, ‘entra’. Metí 14 puntos en cuestión de 10 minutos. Terminó la primera mitad, nos fuimos al camerino y cuando regresamos, yo no empecé la segunda mitad. Pasaron dos o tres minutos, y esa gente en el Coliseo Roberto Clemente, que creo que eran como 12,000 o más, empezaron a nombrar mi nombre. Yo era un nene… tenía como 20 o 21 años. Y de momento que empiecen a nombrar mi nombre… ¡me entró un escalofrío! Si mano, porque es una aceptación de la gente de uno. Amalbert entonces me llamó (a juego), y cuando yo entré me aplaudieron. Ese fue uno de los momentos más agradables. Son cosas que no te puedes olvidar. Es un reconocimiento de la fanaticada. Y hay gente que ahora me dice, ‘yo te admiraba y era fanático tuyo, aunque no de tu equipo’.

¿Tienes algún otro recuerdo importante, pero con alguno de los tres equipos que jugaste aquí?

Llegué aquí a los 16 años (1974) a jugar con Caguas. ¿Y sabes quién fue el primer jugador que me tocó gardear? Charlie Bermúdez. Imagínate, tener que josear contra ese jugador. Tenía que jugar contra hombres que habían participado internacionalmente, yo siendo un chamaquito. Yo quería lograr lo que yo vi de estas personas; quería lograr el mismo status que ellos tenían.

Escrito por Antolín Maldonado

AyM Sports

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Biografía del Autor

Ana González

Licenciada en Ciencias de la Comunicación y fanática del beisból y del futból americano; inquieta y creativa espera que su pluma agrade y encuentre mentes con quien compartir su afición.