MARTÍN BELTRÁN: UN INMORTAL DEL BARRIO CAPETILLO

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AYM Sports, LBPR, Beísbol, 03 Febrero del 2017.-  Su nombre se ligó con los grandes de su época en distintas disciplinas luego de que comenzó a practicar deportes durante su niñez en el barrio Capetillo.

Y aunque quizás estuvo a la sombra de otros, para el pueblo de Río Piedras, Martín Beltrán Sánchez nunca pasó desapercibido. El Salón de la Fama del Deporte Riopedrense lo  exaltó en 1989 como uno de sus inmortales, y hoy, 28 años después, el comité Amigos del Deporte Riopedrense le rendirá homenaje a las 2:00 de la tarde durante un conversatorio en la Casa de Cultura Ruth Hernández Torres, en la Calle Georgetti.

Beltrán enfrentó, mientras jugó voleibol con la Escuela República de Colombia, a Teófilo ‘Teo’ Cruz, de la Central High, y quien a la postre se convertiría en estrella del Baloncesto Superior con los Cangrejeros de Santurce y el Equipo Nacional.

Jugó también baloncesto en su adolescencia, hasta Tercera Categoría con Río Piedras, y para entonces, con apenas 6’1” donqueaba el balón para maravilla de su compueblano Johnny Báez, quien también se convertiría en estrella en el BSN con los Cardenales.

En el atletismo, estuvo a punto de montarse en el avión para los Juegos Panamericanos de 1959 en Chicago con apenas 17 años, aunque el cuerpo técnico no lo incluyó en el equipo temiendo a su juventud y poca experiencia.

Pero Beltrán Sánchez, cuya tranquila vida transcurre ahora sembrando y cuidando sus plantas por tres y cuatro horas diarias en Valle Arriba Heights en Carolina, donde reside junto a un hijo, le apostaría luego todo su talento al béisbol, en el que llegó a convertirse en profesional después de despuntar con el equipo Goya de Río Piedras, tras lo cual firmó en 1960 con la organización de los Cardenales de San Luis en el béisbol organizado de Estados Unidos, y con los Cangrejeros de Santurce de la Liga de Béisbol Profesional de Puerto Rico.

Con estos despuntó como primera base y guardabosque, terminando como líder de triples en la liga en la temporada de 1961-62. Más la presencia de otros inicialistas como Orlando ‘Peruchín’ Cepeda y Tany Pérez, limitaron su participación como jugador regular.

De esas y otras historias, El Nuevo Día conversó con el otrora polifacético atleta de Capetillo, quien lleva 16 años disfrutando de su jubilación tras completar 32 en la fuerza laboral, y quien cumplirá sus 75 de edad en mayo.

¿Por qué no llegó a las Mayores?

En Clase A, que era la Sally League (South Atlantic League), batée .309, había dado 20 jonrones y entonces subieron (a Triple A) a un outfield, Ron Cox, que le habían dado $90 mil de bono. Había bateado .265 y 14 jonrones. De hecho, un periodista escribió que por qué le habían dado la oportunidad a aquel en vez de a mí. Ese año el campeón bate fue Elmo Plaskett, el segundo fue Tony Oliva, tercero terminó Pete Rose y yo terminé cuarto con .309. Yo subí a Triple A pero estuve mes y medio y después, cuando mejorestaba, me enviaron a Doble A, pero a una liga independiente, como escondiéndome. Yo pienso que firmé con la organización equivocada. Porque estaba Stan Musial, que era la primera base, y después estaba George Crowe, que era un caballote, que estaban allá establecidos. Y para ese entonces no existía la agencia libre.

¿Cómo fue la experiencia con Santurce?

Teníamos un trabuco. Paul Blair, Jim Palmer… después llegó Tany Pérez. Nuestro equipo era el más fuerte, con los mejores peloteros, pero la nómina más baja. Lo que algunos desconocen, es que quizás el equipo necesitaba un cátcher, dos pitchers y un outfield. Entonces los americanos (por el acuerdo con los equipos de la Isla) te decían, ‘te llevas estos peloteros que necesitas, pero llévate a estos también’. En eso enviaron a un tercera base, George Scott, al que querían convertir en primera base. Un día jugando en Caguas le metí la bola para las casas al pitcher zurdo Grant Jackson. Al otro día veo que no estoy en el lineup y le pregunto a Frank Robinson (dirigente de Santurce). Me dijo que porque el pitcher de ese día era zurdo. Yo le dije, ‘Frank, anoche yo le di un jonrón a un zurdo de Grandes Ligas. Se quedó así, y me dijo, ‘no, es que tengo órdenes de Hiram de que meta a jugar a George Scott’.

¿Cuándo comenzó su amor por el deporte?

Empezó en el barrio, en Capetillo. Todavía existía la vía del tren. Después de la vía habían unas casitas que colindaban con los terrenos de la Universidad (UPR). Por eso es que Capetillo está bien identificado con la Universidad de Río Piedras. Entonces pasábamos la vía, habían unas casitas de Capetillo, e hicimos un roto (en la verja) y por ahí es que nos metíamos para los terrenos de la universidad, para las canchas. Nos hicimos parte de la universidad, a la fuerza.

Pero, ¿cuál fue su primer deporte?

Mi primer encuentro fue con el béisbol. Empecé con los Capetillo Stars en pequeñas ligas, jugando entre nosotros mismos. Jugué en la Liga Bithorn con un equipo Clase A y ganamos el campeonato. Luego organizaron un equipo Doble A con casi el mismo grupo. De ahí firmé en Estados Unidos y cuando regresé, firmé con Santurce, que era el debut de Hiram Cuevas como propietario.

Usted cuenta que en 1959 se ganó el derecho de ir a los Panamericanos en salto largo, luego de que Julio Lleras se lesionó, pues usted tenía el segundo mejor brinco, y Félix Antonetti el tercero, pero lo enviaron a él.

Hablaste de frustración por no subir a Grandes Ligas, pero fue eso, lo del viaje, lo que me frustró. Porque me lo gané. Claramente me lo gané. Y después remaché con un salto de 23 pies en Ponce (al día siguiente).

¿Qué hizo tras retirarse del béisbol tan joven, a la edad de 28 años?

La suerte fue que enseguida que me retiré, empecé a estudiar y trabajé. Estudié Educación Especial en la Universidad Mundial. Trabajé como líder recreativo en el Hospital Psiquiátrico cuatro años y medio, y luego me moví al Departamento de Recreación y Deportes, que entonces se llamaba Parques y Recreo, donde trabajé 28 años.

Para su época era común que los atletas practicaran varios deportes.

Lo vi como una ventaja, porque por ejemplo, yo siempre fui el más joven en la Clase A de aquí y en otras ligas, porque, como gracias a Dios tenía la habilidad, eso (el talento para varios deportes) me ayudaba. Pero no lo recomiendo. Yo era bueno en voleibol, en baloncesto, en béisbol y atletismo. Entonces, tenía que practicar, y como sobresalía (tuvo la disyuntiva), ¿o sigo en béisbol o sigo en atletismo? El atletismo hay que practicarlo todos los días. Y tenía que sacar de ese tiempo para cumplir con el equipo de béisbol.

¿Cómo se siente con el homenaje que le rendirán?

El homenaje sale (la iniciativa) de gente que yo conozco que no sabía cuánto me apreciaba. Gente que desde hace tiempo no veía se ha interesado de verdad. Siento que he vuelto a vivir. He vuelto a vivir porque nunca abandoné mi barrio.

Escrito por Antolìn Maldonado

AyM Sports

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Biografía del Autor

Ana González

Licenciada en Ciencias de la Comunicación y fanática del beisból y del futból americano; inquieta y creativa espera que su pluma agrade y encuentre mentes con quien compartir su afición.